Darina en el país de las maravillas

02 agosto, 2007
Desde la primera y lejana vez que entré a Internet hace ya un par de años, pensaba yo...
- ¡Ay, ojalá no me vuelva adicta a esto!- Porque en mi naturaleza obsesiva sabía yo que los placeres de la vida me ponen en un estado vulnerable.
Es tan fácil dejar correr el tiempo por el agujero de conejo...
Desde que me empecé a deslizar en esa maraña de relojes viajeros, entre flores de colores de matices seductores, entre poderosas reinas con centros mágicos (por alguna extraña razón, siempre me encuentro con esas mujeres que dominan todo con alzar la ceja; mujeres que me fascinan y aterran a un tiempo)
También he conocido las diversas galaxias y mundos que otras personas tienen preparadas para mí... mundos llenos de mariposas que salen de hojas azules, de dragones y tigres de Bengala (Tigger, Tigger, burning bright...), reinos poblados de coléopteros y lepidopteros...
La primera vez que conocí a alguien con quien había hablado por Internet fue en el metro Centro Médico, donde antes estaba una conocida tienda de Bisquets.
Allí me esperaba, sentado en las escaleras... No recuerdo su nombre. Recuerdo que era amable y me invitó a tomar un café en un sitio cercano. Yo temía que me descuartizara o algo así... pero terminamos hablando de juegos de video y de Ricky Martin. Creo yo...
Nunca he vuelto a encontrar ese sitio a donde me llevó a tomar Café. Tengo la idea de que era en las cercanías del Parque Antonio M. Anza.
Eso fue... hace un par de años.
He conocido chicas que arrojan fuego por la boca y otras que se pierden en sombras de la china. He salido a pasear de noche con psicólogos que analizan la curvatura de la luna.
He escuchado grillos a la sombra de árboles altos y me he citado en muchas librerías, con gente que termina contandome cuentos inéditos, que aún no me animo a escribir.
A veces también me vuelvo el personaje de esas historias... Como en la historia del hombre que decidió hacerme su cenicienta de porcelana.
Una muchacha que trabajaba en una línea de cosméticos me regaló medio litro de perfume el día en que nos conocimos... Con otra conservo una relación a base de música y libros. Y con otra tengo un periquito azul, que ya casi está purpureo, de tanto tiempo que llevamos sin arroparlo...
He caminado por muchas calles acompañada de personajes que me han hecho descubrir mi ciudad y he notado que a su lado el mundo está lleno de maravillas.
Ayer me quedé pensando en todo esto... Porque cuando algo hermoso e irremplazable desaparece tenemos la sensación de despertar de un sueño.
D.

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