La mujer a mi lado era adicta al celular. En menos de dos horas realizó un promedio de 20 llamadas. Creo que se ponía de acuerdo con sus familiares sobre un problema.
Al parecer alguien iba a morir en su familia y tenía muchas cosas que arreglar.
La mujer a mi lado era enfermera.
Recibió una llamada de sus subordinadas para recibir instrucciones.
Quizá era enfermera privada, pues solicitó que se le cambiaran las almohadas a un paciente.
La mujer a mi lado tenía más de 50 años y había incorporado su teléfono a su vida de una forma en la que yo jamás creo poder hacerlo.
Desde allí disponía del destino de los otros, el suyo propio, vida y muerte...
Y yo que no puedo llevar en el teléfono ni mi agenda...
Ja.
D.
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3 comentarios:
Ay. Eso de disponer del destino de los otros desde nuestro aparatejo telefónico sonó medio cruel.
Yo hago muchas llamadas al día, pero jamás he considerado que el destino de nadie esté involucrado en ellas. Jo.
Hay una regla.
Si actua diferente a ti una persona a tu lado: o es inmigrante o es judía o es extraterrestre.
Cualquier caso es malo. Tú júzgalos locas.
Pues vaya temple el de la mujer a tu lado.
No cualquiera haría todo eso desde un teléfono.
Yo no me atrevo ni a llamarle a una amiga para pedirle un favor.
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