Es fácil juzgar a alguien o algo por lo que nos representa; pero otro es el caso cuando realmente nos vemos en la necesidad de estar "en sus zapatos" y vivir las situaciones que en otro momento llegaron a parecernos incongruentes.
Cuando trabajé en mi anterior empresa criticaba constantemente al personal de servicios al cliente, pues en mi área argumentabamos que era increíble que sólo fueran el punching bag de los clientes, que no pudieran sostener argumentos sólidos de por qué nuestro trabajo era valioso y contraponer inteligentes disquisiciones ante sus demandas y objeciones.
Hoy me tocó, en la nueva empresa donde me siento muy a gusto, escuchar a un cliente molesto por el servicio... Entendí el razonamiento que seguía y me tocó argumentarle las razones de que no estuviera recibiendo lo que necesitaba.
De repente me sentí en blanco.
Y es que el cliente tenía razón. Después de todo él pagaba un servicio y, aunque en la empresa estabamos haciendo un esfuerzo, no era exactamente lo que necesitaba.
Quise entonces arreglar la situación, pero no era tan simple como "1,2,3" como me hubiera gustado a mí y al cliente.
Fue entonces que me sentí en ese lugar del que, hacía apenas un par de meses, había tanto vilipendiado: era frustrante no poder complacer al cliente o exaltar las magnificas cualidades del servicio, que, aunque bien intencionado, no era del todo excelente.
Aún me siento un poco frustrada. Pero también me siento un poco más humilde. Y quizá, un poco más humana. Es curioso.
Ayer Saukey me decía que somos seres espirituales, llamados a experimentar las vivencias de lo humano. Parte de ello es ponernos en los dos lados del río, arriba y abajo de la montaña rusa, en el área de atención a clientes y en el departamento de edición.
D.
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2 comentarios:
Tienes razón, Darina: es fácil en teoría, pero llevado a la práctica siempre topamos con la falta de instrumentos para rematar.
Besos.
Onminayas:
Hoy hice una llamada a un cliente... ¡Y casi no dudé! Fue genial.
Je, un abrazo.
D.
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