Darina con alas

Penthouse en renta

30 junio, 2010
Venía pensando en una entrada del señor Rino y quería citarla para esta reflexión... pero ya no la encontré.

Me imagino que tuvo un momento de pudor, de esos que a veces nos ganan a los blogguers y la borró, para preservar la salud mental de sus lectoras. Pero era una entrada muy bonita, con la que me sentía muy identificada. Sobre todo porque nunca había leído a nadie con tanta claridad lo que a mi me ha pasado y lo que le pasó también al señor Indigente Iletrado.

Me refiero a ese vicio que pocos admiten, a esa facilidad perniciosa y pertinaz, que no puede ser borrada de un plumazo... a eso que algunos consideran una ligereza de cascos y otros una condición propia del exceso de dopamina. Me refiero a la condición que populacheramente se conoce como "tener corazón de condominio".

Si, es cierto, señor Médico del Alma. Me he auto diagnosticado. No estoy enamorada, pero siempre me estoy enamorando.

¿Y cómo es eso?- preguntará usted, querido lector o lectora o incluso usted, mi Médico del Alma de cabecera...

Es que yo tengo un corazón muy grande y, habiendo tanto espacio en él, sería un desperdicio dejarlo despoblado.

No, no crea que lo mío es una ninfomanía, ni una de esas raras condiciones que se solventan con tener diversas parejas sexuales. Muy por el contrario, lo mío, lo mío, es el enamoramiento: todo ese proceso de las mariposas en el estómago, los mensajitos a media noche, las pláticas que no tienen sentido, ni razón de ser, los almuerzos en el parque, las dedicatorias en las portadas de los libros, los nombres escritos en la arena... soy una cursi, pues.

Lo cierto es que el enamoramiento dura más bien poco. Y los objetos amorosos tienden al desgaste. Y yo puedo enamorarme muchas veces de una misma persona, aunque no sé bien si ellos puedan enamorarse muchas veces de mí...

Pero ese no es el punto.

Lo que yo quería decir es que cuando tenía 16 años con cinco meses di la llave del Penthouse de mi corazón a un muchacho que escribía precioso y me dedicaba versos (que luego descubrí que no escribía él). Sin embargo, cuando decidí quitarle las llaves y cerrar por derribo el Penthouse, me di cuenta de que quizá debía demolerlo o dejarlo como cuarto de trebejos, porque esta hecho una desgracia...

Las paredes pintarrajeadas, los azulejos levantados, los pisos sacados a pico y pala... Bueno, ese espacio que tenía una vista insuperable al bosque de alvéolos estaba destruido... irremediablemente, creía yo.

El Penthouse, no debería decirlo yo, pero lo digo, es un sitio precioso, vale la pena instalarse allí, cuenta con todos los servicios y es un espacio muy grande. La garantía de privacidad del contrato asegura que no verá a ninguno de los otros inquilinos, pues tiene un elevador independiente y no hay que subir ninguna escalera...

La verdad me dan unas ganas tremendas de ponerlo de nuevo en renta, porque siento que tengo cosas por compartir.

Por otro lado, con tan mala experiencia, sigo pensando que debería conservar a mis inquilinos regulares (más de uno moroso, que viven con las cuentas vencidas o que sólo usan mi corazón de bodega o se van a refugiar allí cuando llueve).

A veces, también creo que debería dejar el asunto de los bienes raíces, porque ya estuvo suave. Me haré monja y donaré mi corazón a la caridad.

La verdad no sé que hacer. Si usted, doctor o cualquiera de mis amables lectores tiene una idea, puede compartirla conmigo.

D.






4 comentarios:

Juan dijo...

hace poco una personita citaba los etudios médicos que dicen que el enamoramiento dura 2 ó 3 años. llevo ya uno... pero sólo yo jajaja!!!

lo que daría por 2 ó 3 años, aunque sea, serían los mejores de mi vida

médico del alma dijo...

hay miss D. q cuestionamientos tan difíciles hace usted! (sus preguntas me llevan a otras auto-preguntas)
alguien con más sabiduría q yo, alguna vez me dijo q en las cuestiones del amor la psicología servía absolutamente para nada. q en estos casos había q privilegiar el sentido común x sobre la "ciencia".
y como mi sentido común (x algún raro motivo) piensa en forma de canción, me vino a la mente este verso del maestro Silvio:

"si tu signo es arder, arde con todo... si tú debes arder de cualquier modo, arde bien, con virtud. pero ay amor, ay amor, no te quemes el corazón..."

un fuerte abrazo miss D.

Hector Paleologos dijo...

También de intentar desenrollar el corazón se canta (o se aúlla, según la condición cuadrúpeda que se tenga)
Si el tuyo es un corazón de manzana, ¿cuantos lotes a la venta? ¿a que precio y bajo que condiciones?
Yo con un 1% de lo que escribes sería feliz propietario de talento.
Pero mi oficio es vagabundear, a veces marchar -como esos necios e insufribles militares- con honor. Y saludar, saludar todo el tiempo que dure la eternidad, a una poeta tierna, viva, audaz y vencedora (aunque humilde y buena onda) incluso libre de esas enfermedades mentales que no nos dejan mas que resaca en el alma.
Digo que soy un tigre diminuto (tigrecito dirías tu) surfeando en el asfalto. Y todavía pienso que algún día me detendré. Los mundos colapsarán, es cierto, pero no estaremos aburridos. Antes bien, brindaremos con café.

Darina Silverstone dijo...

Juan:

Seguro serían unos años muy hermosos... Y el recuerdo te duraría por siempre.

Médico:

Muchas gracias por la hermosa canción de Silvio que me comparte, no la conocía.

Héctor:

Lo mío es el corazón de manzana: si la partes por mitad, tiene una estrella...

D.

Lo mío es el corazón de manzana. Es antojoso por fuera y por dentro suavecito.