Hoy, con el celular en la mano, me puse a enviar mensajes (algunos no los envié, porque perdí mi agenda, así que si no me envió su teléfono de nuevo, se perdió de que le enviara netas).
Mientras escribía sentía que por fin había capturado la esencia del mensaje que, desde hacía tiempo quería plasmar...
De repente todas esas cosas que quedaron en el tintero estaban resumidas y podía dejarlas ir, bajo el respaldo y el cobijo dionisiaco que dan un par de cervezas.
Pero mientras se evaporaba el alcohol, en el vagón naranja del metro, cuando ya cómodamente sentada y de camino a casa repasaba la velada, recordé...
Hay cosas que nunca deberían de dejar la bandeja de salida, ni ser enviados.
D.
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2 comentarios:
Sí, yo debí saber eso antes de pensar en que mis memorias de universidad se llamen "Crónica de las borracheras que nunca debieron ser"
Abracito!
Yare:
Ja, ja... suena a un buen título.
J. María:
Gracias por el poema.
D.
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