Darina con alas

El Ladrón de Bicicletas

02 enero, 2012

La vida, a veces, nos pone en encrucijadas terribles y reta nuestras convicciones más profundas: la frontera entre héroe y villano puede estar más cerca de lo que esperamos.  Momentos como este son los que refleja “El Ladrón de Bicicletas”, película italiana de Vittorio de Sicca, que retrata la historia de Antonio Ricci, un hombre pobre que está en espera de un trabajo en la muy difícil situación de la posguerra y que sufre una tragedia inesperada: le roban su bicicleta.

Tras un largo tiempo sin trabajo, Antonio Ricci recibe una oferta de empleo, pero el problema es que tiene que presentarse con una bicicleta, vehículo que empeñó para poder alimentar a su familia. Sin embargo, el trabajo es su única esperanza en un país que apenas se está reconstruyendo, así que acepta, sin saber muy bien como recobrará su bicicleta.

María, la esposa de Antonio, hace un gran sacrificio empeñando las sábanas de su casa para lograr sacar de la casa de empeño la bicicleta, que representará la esperanza de un trabajo para alimentar a su familia. Antonio se presenta a su primer día de trabajo contento y se une a una agitada muchedumbre, que se ocupa de la reconstrucción del país en guerra: pero la necesidad de los italianos está por todas partes, así que en un descuido de Antonio, mientras se encuentra pegando los carteles que forman parte de su trabajo, un joven le roba su bicicleta. Empieza así una búsqueda desesperada por la bicicleta, con la esperanza de recobrarla, que nos llevará a conocer más de Antonio, de sus vecinos y de la propia ciudad de Roma, que luce triste y destruida después de la guerra.

Antonio coloca una denuncia en la comisaría de policías, pero un apático policía le aclara que no hay agentes encargados de buscar bicicletas, por lo que le recomienda “hacer lo posible” por encontrar por él mismo su vehículo perdido; por ello Antonio decide pedirle ayuda a sus vecinos, quienes organizan una cuadrilla para ir a un mercado donde venden cosas robadas a buscar la bicicleta, aunque sea por partes.

La cercanía que tiene la historia con la de cualquiera de nosotros no termina allí: conforme avanza la trama vamos conociendo más similitudes entre la sociedad italiana y la mexicana: la indiferencia con la que se vive en las grandes ciudades, el agobio de las filas en el transporte público, la forma en que los vecinos se defienden en un barrio donde se esconde el presunto ladrón, la aspiración que despierta el ver a una familia comer en cuatro tiempos cuando tenemos apenas unos pesos en la bolsa.

Algo maravilloso de esta película es que a pesar de que se desarrolla en 1948, forma parte de un movimiento fílmico llamado neorrealismo italiano, que refleja la realidad con lujo de detalles a través de los personajes y los escenarios de Roma, que nos permiten ver con un par de pinceladas muchas facetas de la ciudad y la sociedad de esa época.
Les recomiendo ampliamente este clásico del cine.

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