Darina con alas

"Ciudad, lugares, gente, cine" de Evelia Reyes Díaz

27 mayo, 2013
¿Recuerdas la primera vez que fuiste al cine?

Quizá no recuerdas la película, a lo mejor sí.

Yo creo que muchos recordamos la experiencia: ese vacío en la panza, esa emoción cuando la luz se apagaba y el ruido del proyector comenzaba, un sonido difícil de describir si nunca has estado en un cine...

Pero creo que para casi todos los que disfrutamos de este espectáculo es un sonido maravilloso, que da lugar a un sinfin de experiencias. Quizá ya no nos creemos que el tren nos va a apachurrrar, como lo creían los primeros expectadores de vistas cinematográficas, pero el sólo pensar en "Ir al cine" nos pone la piel chinita a muchos (más allá de los besos robados y la posibilidad de tomar de la mano a tu uyuyuy en turno.

Por eso... Por eso y por muchas otras cosas disfruté mucho el libro de Evelia Reyes "Ciudad, lugares, gente, cine", que además de transportarnos en lugar y en tiempo, logra una empatía muy particular con los cineros del mundo: aquellos que disfrutamos la experiencia cinematográfica, aunque dificilmente podamos relacionar una columna de 20 películas con sus respectivos directores.

Y es que, como muchas artes, el cine tiene públicos diversos. No hay una audiencia heterogénea de espectadores. Los hay doctos y estudiados y los hay ingenuos y maravillados. No tiene esto que ver necesariamente tanto con la edad o con la clase social, aunque eso pesa (y mucho) al ir a ver una película.

Pero tan sólo el acontecimiento de ir al cine, de elegir dónde, a qué horas, con quién iremos al cine... Ya es de estas preguntas que el libro de Evelia Reyes hace una fiesta, una celebración al acto cotidiano, pero a la vez tan simbólico de ir al cine.

Evelia tomó su ciudad adoptiva, Aguascalientes, para realizar una investigación histórica, pero muy rica en detalles, que te hace tener empatía por los empresarios del cine y hasta por los expectadores; te hace diferenciar de los que llegaron a "hacer las Américas" y lograron juntar cantidades respetables de dinero, hasta los que, envueltos en altas y bajas, terminaron en la pobreza después de gozar las glorias de ser empresarios cinematográficos en una ciudad que los incluyó en la selecta elite de quienes se sentaban a ver las vistas cinematográficas.

Conocemos por medio del libro de Evelia, con bastante detalle y seria investigación, los sitios en que los espectadores hidrocálidos acudían a ver las primeras vistas de cine mudo: desde las "Proto - salas", sitios adecuados a la función de salas de cine en sus más básicos elementos, hasta los Teatros, más bien pensados para conciertos, óperas y zarzuelas, que cedían eventualmente paso al cine, que resultaba ser más lucrativo porque no había que pagarle a tanta gente por entretener a la misma audiencia.

Reyes Díaz llega a una conclusión demoledora, aunque más bien clara para el visitante asiduo al cine: el asistir al cine no es "democratizador": aún en el cine, aunque estemos en la misma sala, hay diferencias que se marcan y mucho.

Si ahora tenemos salas "Platinum" y "Clientes frecuentes", las plateas de antes y las cómodas butacas separadas de los tablones de madera marcaban en los cines de Aguascalientes la diferencia. Tampoco era igual ir al cine en el centro, que ir al cine que estaba a un lado de las vías del ferrocarril.

El evocativo texto de Evelia me llevaba a aquellas películas que veía de niña en el pueblo dónde creció mi mamá, Cosamaloapan, en el único cine de la zona, que convertía a Cosamaloapan de pueblo en ciudad, por tener el entretenimiento y el gozo de pasar una misma película por meses.

En esa pequeña sala, los murciélagos eran las mascotas oficiales y los pisos siempre estaban pegajosos. Aún así tenían aire acondicionado y eran uno de los refugios favoritos de los paseantes.

Los espectadores se apoderan de los cines, pero los cines devuelven el truco apropiandose del corazón de los espectadores... y ese acto de magia siempre es interesante de ver, y más cuando, como Evelia Reyes, hay quien se asoma detrás del telón.

D.


4 comentarios:

Ana Marinera dijo...

Yo quiero leerlo pero es que la autora no viene acá y pues yo iré después :(

Espaciolandesa dijo...

Recuerdo con nostalgia los cines de antes, con permanencia voluntaria, con dos funciones por el mismo precio, con intermedios...

Acá hay un cine que lucha por mantenerse así, ya cerró una vez y volvió a abrir.

Y luego me entero de que el formato digital sustituirá, eventualmente, al celuloide.

Creo que me desvié un poco del tema :P

DonThunder dijo...

De mi interés, mi abuelo tenia un cine ambulante, y quiero pensar que hay algo de eso en mi sangre.

Darina Silverstone dijo...

Hola DonThunder:

Si gustas contactar a la autora, a lo mejor puede conseguirte un ejemplar de su libro. En Twitter es @Tazy.