Contrario al miedo que me producen los taxis (especialmente viajar sola en un taxi de noche) y el pánico atormentado del Metrobus en hora pico o el desenfreno salvaje de los peseros, mi medio favorito de viajar en la ciudad es el metro.
En el metro pasan cosas extraordinarias y conoce a uno gente tan diversa que no puede uno sino asombrarse...
Antes de que los vagoneros inundaran con música predecible y estereotípica, era más sencillo enterarse de toda clase de afirmaciones (no por chismosa, que se entienda) sino por el correcto funcionamiento de mis oídos y la imposibilidad de leer de pie.
Así se entera uno de infidelidades, traiciones, golpes de estado miniatura, desdenes y venganzas. De las pequeñas tragedias y los grandes milagros que ocurren en la vida de la gente. De los que se quedan sin trabajo y los que cambian de sexo. De los que encuentran a dios y lo pierden en un golpe de suerte del destino.
D.
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