Darina con alas

No soy de aquí: tres historias del Antiguo camino a Santa Fe

30 octubre, 2013
Como habitante del oriente de la ciudad, el salvaje oeste que representa Santa Fe es un desafío en términos de logística.

Desde los limitados accesos a la zona, hasta el barroco trazado de sus circuitos y la variopinta fauna civil que lo habita me produce esc-alofrio y escozor a un tiempo.

Por ello y dividido en tres partes, les presento un par de historias acontecidas en mis viajes hacia Santa Fe en estos tres días que me fue imposible sacudirme el compromiso de visitar la zona.

I. No soy de aquí

La chica se subió con una enorme mochila, sonrisa y buena actitud. Se acomodó en un huequito junto a la puerta en el atiborrado camión que la regresaría del Centro Bancomer hacia el metro más cercano: Tacubaya.

Ella era rubia, con el cabello corto y ligeramente rizado. Su tez era clara y tenía ojos verdes. Ofrecía una cómoda sonrisa que hablaba de cierta ingenuidad.

Él se abrió paso por el pasillo angosto del camión y se sentó en las escaleras del camión: era un tipo algo duro, cabeza rapada, musculoso. Ante el panorama de pasar una hora en el tráfico le hizo la platica.

- Hola, ¿te subiste aquí?
- Si, vine a una chamba al Centro Banamex.
- Ah, orale. ¿Y de qué?
- Soy ingeniera de audio, venimos a un evento.
- ¿Y qué tal estuvo?
- Padre... Bueno, luego es una hora de trabajo y luego nada más estamos al pendiente, por si se les ofrece algo más. Así es la empresa en la que trabajo. De hecho fue mi primer evento.
- Orale, que padre. ¿Y qué estudiaste?
- Música. De hecho vine a la ciudad para estudiar, no soy de aquí, soy de Guerrero.
- ¡Ah! Yo tampoco soy de aquí. Soy de Cancún. Bueno, de Playa del Carmen.
- ¡Cómo crees! Yo acabo de estar allá. Me quedé un mes.
- ¿Un mes? ¡Que padre! ¿Y anduviste paseando? ¿Fuiste a Tulúm?
- Sí, fui a Tulúm y a Bacalar. De hecho Bacalar es ahora de mis lugares favoritos en el mundo.
- Si, la verdad te llena de una buena vibra. Bueno, también Playa, aunque antes era más tranquilo...
- Pues también anduve trabajando allá, en un sitio en la Calle 10, ¿conoces?
- Pues tenía un amigo que trabajaba en la Calle 12. Ya ves que allá hay muchos antros.
- Sí. ¿Y tú que estudias?
- Yo estudio diseño, aunque también me gusta la música.
- Orale, a mi me gusta más el rock. De hecho vine a la ciudad para seguir estudiando.
- ¿Y que tal? ¿Si la armas?
- Pues si. Es cosa de tener buen equipo. Ya sabes, son tres cosas las que debes tener en cuenta: buenos músicos, que su música si esté chida; buenos dispositivos de salida, para que la grabación quede bien y ya el audio de edición...
- ¿Y tú cual usas?
- Protools, aunque casi todos se parecen. En la escuela estoy aprendiendo a usar otros.
- ¿Y vives muy lejos?
- Por el centro, con dos amigos. ¿Y tú?
- Por la Zaragoza, con mis papás.
- ¿La Zaragoza? ¿Por la TAPO?
- Sí, andale, por allá.
- Si te queda lejos.
- Pues algo... pero bueno, también vengo del trabajo. ¿Y tú no vives con tu novio?
- Pues no, no tengo novio.
- ¿Y eso? ¿Te evitas problemas?
- Pues sí, un poco...
- ¿O quisieras tener novia?
- Pues sí, un poco me gusta más esa onda.
- Ah, orale...

II. Un camino sin pulcatas

Voy por el camino antiguo a Santa Fe. En realidad es una sola calle de dos sentidos que tiene a sus costados docenas de puestos comerciales. Atravesamos mercados, tienditas, zapaterías, taquerías...

Las taquerías en particular, llaman mi atención: "Voy y Vengo", "Los mismos", "El paisa".

Las taquerías resultaron las herederas de las pulquerías que colocaban nombres graciosos para atraer a sus clientes. Recuerdo aquella colección jocosa de nombres de pulquerías que iba desde la clásica "Mi oficina" hasta "La toma de Nueva York en 2040 por el ejercito mexicano".

Los bares no pudieron apropiarse de este despapaye por su excesiva seriedad. Se toman a sí mismos demasiado en serio. No es posible, por tanto, ponerse "El Gym", "A la vuelta" y "El doctor".

Para probar la cualificación del nombre de un changarro como un sitio risible, pruebe a decir "Voy a..." y complete con el nombre.

Si no le da risa, pase al siguiente. Está usted demasiado solemne.

Decía un pulcatero que conocí que, los dueños de bares y los cerveceros (vendedores de cerveza) eran de la misma ralea sin humor. Todo provocado por su ansia por el dinero, terriblemente desmedida: "Ellos fueron los que iniciaron la guerra sucia, para desprestigiar al pulque", decía, mientras masticaba una ramita de árbol que se robó de algún árbol cercano. "Decían que para fermentar el pulque le poníamos quien sabe que cochinadas, cuando no, es un proceso natural".

En el antiguo camino a Santa Fe no hay pulquerías. Quizá había antes... pero, como tanta cosas, la ciudad ha cambiado.

Ahora parece que ya no hay sitio para nadie. Ni para "La risa".

III. La historia de un chicle

Nunca los vi.

Apenas, de reojo, cuando bajé del camión, noté que él era delgado y ella más gordita, con un sueter a rayas.

Iban detrás de mi, en el pesero que nos llevaría a Tacubaya, desde Santa Fe.

- ¡Que mala onda que ahora te pidan tus redes sociales para darte trabajo! ¿no crees? Porque yo si estoy loca, pero no quiero que nadie lo sepa...
- ¿Y por qué habrían de saberlo?- Preguntó él.
- Pues porque van a leer lo que pongo y osh... ¿No quieres un chicle?
- No, gracias.
-Ah, oye, pero yo te daba el chicle que estoy mascando, porque ya no traigo otro.
- No, gracias, no quiero.
- Pero yo tampoco quiero ya, guardamelo tantito en tu boca.
- No, de verdad, no quiero.
- Pero yo voy a querer al rato, nada más guardamelo un momento porque no traigo papelito para guardarlo.
- No traigo.
- ¡Ah! Orale, no sólo no quieres guardarmelo, sino que además ya quieres que lo tire.
- No es quiera que lo tires, pero de verdad ahorita no quiero.
- ¡Osea! Ya estamos por cumplir un mes de novios y no me tienes confianza para guardar mi chicle un rato.
- No es eso...
- Es que no entiendo: primero dices que no quieres chicle y ahora no eres capaz de guardarlo un ratito por mí. ¿Y qué no tienes un papel para que lo ponga?
- No, no tengo, de verdad.
- ¡Mira! Una nevería. Se me antoja un helado... Lástima que no podría comerlo, porque traigo un chicle en la boca y mi novio no es capaz de guardarlo un rato...
- Bueno, ya dámelo

Como estaban tras de mí, no pude ver si ella lo sacó de su boca o cómo pensaba dárselo... pero él lo dejó caer.

- ¡Ah! Claro, ya lo tenías todo planeado para que me quedara sin chicle... Te odio.

1 comentarios:

Espaciolandesa dijo...

1. Quizá le dijo que le latía la onda de tener novia para desafanarlo.

2. Según supe, había una que se llamaba "El último tránsito de Venus".

3. Creo que ella, en efecto, está loca.