Además de ser el nombre de una afamada cantante Colombiana la chaquira es una cuenta pequeñita de colores con los que las abuelitas decoran suéteres en compañía de sus infaltables complementos: las lentejuelas.
En épocas donde nadie escucha a nadie, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos ¿quien tiene tiempo para chaquira y canutillo?
Yo digo que nadie. Mi mamá hace años que no hace manualidades, pero se trajo de la casa en la que vivíamos antes una bolsa llena de triques inservibles de costura. Docenas de hilos de lentejuela reventada que estaban mezcladas con chaquiras de color rosa y aserrín para maquetas pintada con anilina.
A mi me relajan las cosas rutinarias... así que ayer salió a colación que había que limpiar esa extraña bolsa de artículos varios (navajas de afeitar, desarmadores de cruz, hilos de colores enredados, números de reloj) me vi recordando esos artistas performanceros que ponen mesas de materiales al azar para recordarnos el caos humano.
Sólo que esta vez me tocó servir de las fuerzas del orden, lidiando contra la entropía del universo, me puse a separar la paja del grano, las lentejas de la ceniza, las chaquiras del aserrín con diamantina tricolor...
Tardé como dos horas, pero al final tuve una bolsa de brillantes y sonrosadas chaquiras que nadie usará para nada y que pasarán decadas en el costurero de mi mamá, hasta que ella admita que ya no son tiempos de bonanza para la chaquira y el canutillo.
D.

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