Fe y caracoles

¿De dónde y a dónde va ese canto?
¿De dónde y para quien es esa danza?
¿De dónde tu piel, de donde y para qué?

Yo, que aún no descubro ni como nacen los árboles
y para mí que ningún misterio de vida ha sido revelado
me encuentro subitamente esperando al halcón,
al patrocinador de mis sueños,
a la voz que se alza ubicua en el universo
y explicar cada pequeño enigma:
el sol,
la luna,
el viento.

Yo, pantéica irresoluble,
encuentro belleza indómita
el el espíritu de todas las cosas:
la sal,
el pan,
el lecho.

Incluso la tersura de las patas de araña
o el brillo de las alas de mosca.

He de confesar
que mi religión es un amasijo oscuro de mitos
e ideas viejas...
y mi fe
una titilante flama mecida por el viento nocturno,
a veces alimentada con la belleza reconfortante de la esperanza infundada...

Y las más de las veces sofocada,
por esta falta de oxígeno propio de las ciudades,
de la desesperanza,
del tedio,
del miedo,
del horror
y la muerte.

Yo que duermo en un lecho de hojas secas,
donde su crepitar vela mi sueño,
aprendí a ver hadas en las cortinas
y a creer en milagros como la simetría de los caracoles:
perfectas bestias invertebradas y blandas
como el corazón de mi fe.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo creo en los Reyes Magos.

Darina Silver dijo...

Haces bien en creer.

Sólo a los que creen les traen regalos...

Sin mencionar que eso te incluye entre las personas a las que Verito les dedicò su tesis.

D.

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