Vicisitudes de la flor de trigo

25 abril, 2007
La flor de trigo nació esta mañana frente a la iglesia de Juchitepec, Estado de México.
Floreció por el arte de una mano que la formó en colores magenta y naranja, con petalos verde esmeralda...
Sin embargo, nació para ser pisada por los hombres que cargaban al la imagen del Señor de las Agonías, que festeja su fiesta el 25 de Abril de cada año.
Los primeros en poner en riesgo su vida fueron los pies de docenas de niños que salían con sus velitas en las manos, llenos de esperanza y sonrisas acaloradas tras haber rechazado a satán y recibir a Jesucristo en sus manos y sus corazones, una vez que hicieron su primera comunión.
Cientos de familiares, amigos y curiosos los seguían de cerca, cuidando también el no pisar la flor de trigo, que se abría paso en el pueblo por las principales calles en las que pasaría la peregrinación..
Sin embargo un perro callejero se les adelantó a los fieles y cruzó la calzada principal de la iglesia, ante el desconcierto de los organizadores.
El tapete tuvo más dificultades en cruzar la plaza, que estaba llena de vendedores de tlacoyos, tacos de cecina, quezadillas, burbujas, nieves de colores...
En la plaza se alzaban imponentes los castillos destinados a ser quemados por la noche y el tapete de trigo de colores se extendió poco a poco, surgiendo de las manos expertas de los encargados de cada barrio, que iban colocando por tramos el decorado, para que todos colaboraran con un poco...
En una esquina se cruzaron con el séquito de una difunta, que se murió un día antes del día principal de fiesta en el pueblo.
Las coronas de flores contrastaban con la sencillez de aquella flor festiva de trigo. La gente de negro caminaba silenciosa y parecían tener un traje impermeable al ruido de los cohétes y las bandas que se difuminaban como nubes esparcidas en el cielo.
No se sabe si por el funeral o por simple deseo del Cristo, que no deseaba salir a pasear ese día, pronto la tarde que era rubia y soleada por la mañana se tornó gris y huraña. La lluvia pertinaz coincidió con la salida del Señor de las Agonías, quien parecía derramar lágrimas de verdad detrás de su cristal.
La flor de trigo palideció ante la expectativa de no ver cumplido su cometido... pero afortunadamente dejó de llover y un pie se posó sobre la flor de trigo, quien murió al paso de cientos de pisadas anónimas de mujeres calladas y hombres con sombrero.
D.

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