Ladrillo en la pared

23 mayo, 2007
Parece que si no tienes un trabajo desapareces del mundo. Ni Hacienda te busca. Nadie. Toda personalidad jurídica se evapora de tu persona, como si fueras un zombie viviente, una alucinación.

En la enciclopedia todos los nombres tienen adelante su oficio: pintor, político, filósofo, arquitecto... Nadie pone Jesús Martínez Gómez: Albañil que contribuyó con la construcción de la iglesia de la Conchita ubicada en la esquina de Fuerte de Guadalupe con Lanceros de Oaxaca en un diccionario.

También el tipo de trabajo y su cuantía corresponden a una escala en la sociedad... Así te hacen creer que vales menos, que eres menos, que casi pierdes la categoría de persona sin ello.

La sociedad en la que vivimos gira en torno del trabajo. Es la condición necesaria para que existan el resto de las cosas a las que nos hemos acostumbrado con escalofriante facilidad.

Todo el mundo presiona para que te adaptes a lo que se pide de tí: las tías mayores comienzan a mirarte con aire de boda y dicen que a tu paso ya escuchan repicar campanas... Como si la felicidad fuera meter a un hombre y una mujer bajo un mismo techo para que tengan sexo los viernes y dos hijos peinados de raya en medio.

Los trabajos temporales empiezan a quedarte cortos y las miradas de suspicacia aumentan. No es extraño que Sartre diga que muchas veces a los jovenes sólo les queda la violencia para rebelarse contra todo aquello que los obliga a ser unos viejecitos quejumbrosos...

Pero también el sistema tiene una solución para eso. Te dice a eso de los 13 años... "Si, rebelate, compra Jeans de mezclilla rotos, escucha horas y horas de Happy Punk, compra alcohol y escapa de la realidad con estas nuevas drogas sintéticas que pongo a tu alcance. Trata, anda, trata de cambiar el mundo..."

Y uno se esfuerza, y busca, y te afanas en entrar a las ONG´s y salvar a las ballenas o cambias de rostro o de piel, o te vistes de negro o de colores... o alzas tu cabello en puntas, o te lo rapas... O gastas tu dinero y tu paz en una batería y en una patineta... Quien sabe que harás, pero algo haces.

Y luego cumples 40 años y las miradas arden más en la piel cuando todos dicen que no te adaptas y que eres una vergüenza... Y ya no alcanzanlas palabras, ni los escapes, ni los agujeros en la pared que hace uno para salir... Es como estar emparedado vivo en esa red de mentiras que te dicen que es la vida.

D.

5 comentarios:

anel dijo...

Y luego cumples 23 años, 33, 43, 53... y quieres gritar, porque sentiste que el sistema penetró sin previa lubricación.

Ladahir Mebarak Haddad dijo...

Si en las bodas tus tías preguntan que si serás la siguiente, pregúntales lo mismo en los funerales. Eso siempre funciona.
Tu rabiosa-arenga-contra-el-sistema es muy elocuente, brillante como todo lo escribes [cuando quieres]. Me reconforta pensar que si sigues escribiendo así de bien, más temprano que tarde el sistema te coaptará y te dará un huequito desde donde podrás pegarle con la izquierda y cobrar [cada mes] con la derecha.
[Sabes que respeto mucho tu trabajo]

El David dijo...

La vida es mas bonita mientras mas se empeñan en jodernos.

Cada mañana es una resaca cuarentona.

Yo por eso cuando puedo tomo mucha Coca-Cola y fumo "hartos" Raleigh
Ja, ja.

...Traigo jodisimo mi "Ciclo de Krebs" puesto que ayer me fui a escapar de la realidad con cerveza de barril. :D

Darina Silverstone dijo...

Anel: Si, odio la vida sin juego previo...

Ladahir: Ja, eso de las tías lo leí en algun sitio... Ya sabes, yo todo creo haberlo leído en algun sitio.

Me gusta cobrar con la izquierda, nada más por contreras.

David: Yo no sé fumar... ¿Quieres enseñarme? Así el sistema podrá venderme algun tratamiento contra el cigarrillo. Jo.

D.

John B. dijo...

que alburera amanecio la anel

unanse a los optimistas!!