Detenerse a soplar

31 agosto, 2007
Estoy muy contenta. Ha llovido en la ciudad. Hoy vi una película mala y no me importó porque me reí mucho. Hace tiempo que no me reía tanto en una película de terror. Me compré Casablanca y no la he visto, pero ya sé que es muy bonita y la tengo allí, para un día que deba recordar que siempre tendré París...

Hoy fue mi primera quincena y compartí la exaltación de mis compañeritos al ir cobrar, y luego me enojé como ellos al ver los descuentos y luego me volví a emocionar...

Pero ayer, creo, fue el día más bonito porque me encontré un Diente de León y aunque iba deprisa rumbo al trabajo me detuve a soplarlo. Mientras se alejaba di gracias por todas las cosa buenas de mi vida, que son muchas... De hecho todavía no acabo de agradecerlas todas, así que aprovecho este espacio para dar las gracias, otra vez, por un montón de bendiciones nuevas.

Uno no sabe donde va a saltar la liebre, ni en donde van a caer las semillas del diente de león, pero siempre que puedan deben detenerse a soplar.

D.

4 comentarios:

Mar dijo...

Hermosísima tu última frase.

No sé por qué razón pero los dientes de león también me inspiran bastante. Algo tienen los condenados...

John Bauer dijo...

si, muy hermosa tu ultima reflexion, muy bonito todo, sista'

Pequeña Saltamontes dijo...

Ah, los dientes de león.

Yo me imaginaba que las semillitas eran montones de pequeños paracaidistas...

Darina Silverstone dijo...

Hola Mar...

Que bueno que te gustó la frase, ojalá alguna vez la apliques.

John: Todos los días me asombro de tí... creo que eres de las personas que no sólo se detienen a soplar, sino que siguen con la mirada la trayectoria de cada semilla.

Hola Pequeño Saltamontes... Pues si, desde la perspectiva de un saltamontes, me imagino que debe de ser un hermoso espectáculo ver aterrizar las semillas...

D.