Presentarme a las fiestas corporativas siempre me pone en el entredicho de luchar contra mi sentimiento de inadecuación, que sale a relucir en los momentos más inesperados.
Y es que el espíritu corporativo no es precisamente lo mío, pero los cortes argentinos si me van.
Así que, ante la penosa disyuntiva entre desperdiciar un lugar en la mesa para quedarme a terminar de ver la temporada de Californication o ir al brindis y comida navideña, elegí la opción 2.
Creo que estuvo bien, porque me agrada el área "Junior" de mi corporativo, es decir, los que tenemos veintitantos, que somos tres.
M. es una chica maravillosa y hasta me dio hospedaje en su casa, cuando salimos de la comida y nos invitó a ir a un bar que ella frecuenta.
R. es el encargado de sistemas y es un tipo genial, que nos mantuvo bastante entretenidas a mi y a las amigas de M. que se unieron después al jolgorio.
(Creo que nadie de mi generación usa jolgorio, pero no sé, me encanta usar palabras en desuso, es como rescatarlas del cementerio de palabras)
Unas cuantas cervezas oscuras después, decidí que hay que vivir la vida y no quedarse viendola desde la comodidad de la cama.
Aunque hoy por la mañana, que tuve que regresar a casa toda desvelada y la comodidad de la cama tuvo que esperar, me puse a reconsiderar la opción 1.
Pero como dicen por allí... lo paseado, ¿quién nos lo quita?
D.
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1 comentario:
Pues sí, hay que darse tiempo para divertirse y convivir con la gente.
¿Y no rifaron nada?
Eso siempre es un plus.
Yo me gané una plancha en la comida de fin de año a la que no tenía planeado ir, jiji.
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