Darina con alas

Arrastrar pendientes

29 noviembre, 2012
Y de repente,
un día
todo cambia
Y lo que dabas por cierto
es mentira.

El día de hoy se voló el transformador de la cuadra. Así que nos quedamos sin luz más o menos de las 9:30 horas a las 17:00 horas... básicamente mi jornada laboral completa.
Al verme sin luz, lo primero que pensé fue que había alguna falla en la instalación eléctrica de mi casa: es una construcción vieja y los cables están allí desde hace más de 30 años...

Pero tras aguzar el oído, la verdad se manifestó: había un total y absoluto silencio. Así que al ver que la falla era en toda la cuadra, decidí esperar a que la buena fortuna arreglara el problema y me fui de compras.

Desde hacía meses quería comprar un pizarrón para la oficina. En mi mente todo se organizaría al tener el pizarrón, como un eterno recordatorio frente a mis ojos de la lista de pendientes: de esos pendientes que no se evaporan al cerrar el outlook.

Así que fui a comprar mi pizarrón: lo amo, tiene una tira lateral de corcho donde puedo pegar fotos. También compré chinchetas de colores. También las amo. (Un poquito menos, porque no encontré colores tan bonitos: son rojas, azules, verdes y amarillas. Bleh)

Después de pasar a la papelería terminé en la tienda de cómputo de junto, donde me compré un teclado... Ya comprobé que es ligeramente distinto del anterior y me causa algunos conflictos, pero había postergado su compra y el tenerlo tambuién simplifica mi vida.

Fui por comida para el gato, jamón, un sacacorchos y unas pilas. Siempre he pensado que mis compras delatan que efectivamente soy una mujer soltera y despreocupada...

Llegué a casa al mediodía: aún no había luz. Fue cuando me topé con el trabajador de CFE a quién interrogué sobre el estado del cableado. "La luz regresará como a las cuatro, se quemó un transformador, pero ya estamos trabajando", me dijo.

Con ese cálculo en mente recogí la caja transportadora: la vacuna para la rabia de mi gato debía ser renovada la semana pasada... Así que la llevé a vacunar y a desparasitar. Dos en uno. También pregunté por un collar, pero no tenían de su talla. 

De regreso revisé en los salones de belleza: unas muy aburridas encargadas miraban pasar a la gente por la calle, sin el poder de sus secadoras en la mano... así que decidí ir a darles una visitada, para cortar mi cabello en redondo, como tenía ganas desde tiempo atrás.

Visité a la dentista y me dijo que me recibiría cerca de las tres: me hizo una limpieza completa y a las 3:30 ya estaba yo de vuelta, esperando que el señor de la CFE cumpliera su palabra...

La luz regresó a las cinco.

Como era de esperarse, tenía miles de cosas pendientes... pero revisando el día cumplí varios de los proyectos (pequeños o grandes) que venía arrastrando desde meses atrás. No me había dado tiempo de cuidar de mi, ni de mi mascota. Tampoco había podido hacer compras, ni siquiera llevar algo para contruibuir con el mandado de la casa.

Ocupada como estaba con lo urgente, dejé de lado lo importante.

Así que si no se va la luz más seguido, tendré que buscar nuevas y mejores formas para solucionar este problema de administración de tiempo. Porque hay cosas que siempre serán importantes.

D.
 

 
 

1 comentarios:

Espaciolandesa dijo...

Es curioso eso del tiempo. Suele decir una "no tengo tiempo para tal cosa", y sin embargo lo ocupa en cosas que ni al caso.

Como no querer gastarse 400 en unos zapatos pero gastar 200 dos veces en parrandas.

De vez en cuando sería bueno tener un apagón. Eso me recordó este sitio, The quiet place, que es para relajarse un rato.