Darina con alas

El galano arte de viajar

23 diciembre, 2013
Pocos lugares me emocionan más que las terminales de autobuses, las estaciones de trenes o los aeropuertos. Pero cuando confluyen las fiestas navideñas con los sitios donde comienzan los viajes, no puedo sino reflexionar en cómo el traslado de las personas cambia al mundo.

Las terminales de autobuses están llenas de despedidas, de abrazos, de buenos deseos, de nostalgia.

De cuentos que están por escribirse, de expectativas de vacaciones, de romances.

Nadie sabe a dónde nos llevará un viaje, pero cuando empieza sólo nos queda desear que haya un buen clima del otro lado, en la terminal a donde llegaremos.

Esos viajes empiezan con expectativa y se recuerdan con nostalgia; viajamos a veces para encontrarnos a nosotros mismos.

Pequeños maletines de viajes del viajero de negocios; grandes mochilas de los jóvenes que buscan descubrir el mundo a golpe de zapatos gastados, abrumadores carritos de viaje, con pañaleras y cobertores los de los padres novatos que llevan a los niños a conocer a sus abuelos del otro lado del país, del otro lado del mundo.

Viajar, también viajar sin destino, es trotar el mundo para descubrirse dentro de si mismo, redondo y perfecto como una esfera brillante y navideña, como un frágil adorno que rueda en la superficie del planeta y se detiene en otra estación, esperando que allí la vista sea mejor, el brillo nos inunde y la paz de reconocernos en nuestro propio reflejo nos descubra en cualquier espejo sobre el anden.

D.


1 comentarios:

Espaciolandesa dijo...

Algo que me asombra sobre los viajes es la capacidad de despertar en un lugar e irse a dormir en otro a cientos de kilómetros del primero.