Darina con alas

Por algo pasan las cosas...

17 octubre, 2014
El miércoles perdí mis audífonos. Eso es bastante triste porque les tenía estima y porque me habían acompañado a muchos sitios...

Pero lo peor es que tenía un día largo por delante, así que tuve que dedicar mis trayectos a escuchar.

Y como sucede cuando dedico mis días a escuchar: encontré una historia.

Iba yo en el asiento individual de un vagón mixto, en el asiento lateral un gran chico, de 1.80 de estatura, trataba de acomodar sus rodillas en un espacio reducido.

De repente lo vi hacer un gesto inesperado. Pensé que estaba por ponerse de pien, pero no: había notado la presencia de un conocido que abordó en una estación intermedia.

Esta fue su platica.

- ¡Oye, que gusto verte! ¿Cómo te va en la Escuena Nacional de Educación Física?
- Ya me salí de allí.
- Ah, orale, ¿no te gustó o qué?
- No, es que estoy haciendo mis pruebas para entrar a la Federación Mexicana de Futbol.
- ¡Wow! Que genial, oye, pero eso debe de ser muy difícil.
- Sí, pero te abre muchas puertas, puedes entrenar en escuelas y hacer muchas otras cosas. Además te pagan bastante bien. Has de cuenta que ahorita si tengo días muy pesados, en los que doy hasta tres entrenamientos, pero ya que estás certificado, pues te pagan por entrenar y hacer lo que te gusta.
- Que bueno que encontraste el modo de seguir haciendo lo que te gusta.
- Sí, es que ya ves que el futbol profesional es muy difícil, tienes que conocer a alguien...
- Sí... o pasan cosas. Bueno, yo tenía un primo que ya estaba en primera división y lo contactaron para firmar con un equipo grande. Ya tenía todo listo y se fue a jugar una cascarita antes de firmar su contrato... y tuvo una lesión que le rompió el fémur.
- ¡Y el fémur es el hueso más resistente del cuerpo humano!
- Pues el doctor le dijo que su carrera profesional se acabó. Y luego, ya con algunas copas, mi primo me dice que no entiende por qué pasó eso. Le digo que no le tocaba. Por algo pasan las cosas...

1 comentarios:

Espaciolandesa dijo...

Pues sí... si no hubieras perdido tus audífonos, no habrías escuchado esta historia.

Supongo que esa es la moraleja :P